La verdad de las cosas
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Hay mecanismos secretos dentro de nosotros mismos que son imposibles de entender. Tras pasar un día de lo más normal, ni especialmente bueno ni malo, me siento con ganas de reflexionar sobre la verdad.De nuevo, la inestimable Wikipedia ofrece varias definiciones del concepto de verdad además de algunas teorias al respecto.
La parte que más me interesa de todo el artículo se encuentra al final de todo (situación que encuentro más que apropiada pues es el resumen del concepto y la aplicación a la vida real de toda la reflexión filosófica).Verdad relativa y verdad absoluta. Hace tiempo, discutía con un buen amigo si había una verdad o había muchas. Él defendía fervientemente que sólo había una verdad, que el mundo ES de una manera, tiene una forma y unos colores concretos. Mi argumento en esa discusión se planteaba con esta pregunta: ¿Hace frío? Con esta sencilla pregunta yo demostraba que había tantas verdades como personas. Un esquimal te dirá que no, que hace un calor del copón mientras el mejicano está temblando de frío.
En el post “Sangre por dinero” ya hablé de aquellos que se creen en poder de la verdad única. La corriente de pensamiento que se opone a tan tremenda estupidez se llama Relativismo y afirma que “no hay una verdad absoluta y ésta depende de cada individuo en un espacio o tiempo concreto o intereses”. ¡Ohhh! ¡Intereses! Hay sanguijuelas sueltas por las calles que babean sólo con escuchar esa palabra. Para redondear la afirmación del Relativismo y adecuarla al escenario político, social y moral en el que todos danzamos habría que añadir a la lista de factores el dinero, sólo para que quede bien claro.
Los detractores del Relativismo, a quienes no llamaremos absolutistas, defienden que es necesaria una verdad absoluta e inamovible para poder empezar a construir la sociedad. Entiendo lo que quieren decir y, en parte, estoy de acuerdo. No puedes crear leyes si no hay nada cierto, pero tengo la sensación de que nos hace falta un poco más de relativismo, de consciencia de la gigantesca variedad de personas que existen, para llegar a convivir como seres humanos en este planeta.

November 7th, 2007 at 11:23 pm
Que la verdad sea de una manera no significa que todo el mundo la capte igual. Puede ser que la temperatura sea de 22ºC y que uno tenga calor mientras que el otro tiene frio (hasta puede ser que dos termómetros estén equivocados). Para decir-lo de otra manera: que en la Edad Media creyeran que Dios era el que decidia que las cosechas fueran mayores o menores, no eliminaba la existencia de plagas, fenómenos atmosféricos,…
No se trata de establecer una verdad única sinó de no tragarse aquello de “todas las opiniones son respetables”. Básicamente porque algunas opiniones tienen consecuencias, que pueden ser catastróficas…
November 8th, 2007 at 7:52 am
Dado que mi gran lema moral es “mientras no hagas daño a nadie, haz lo que quieras”, se me podría considerar relativista.
De todos modos, creo que hay que hacer una distinción: No podemos meter en el mismo saco las verdades físicas (las cosas caen hacia abajo, creamos lo que creamos) y las verdades morales (¿el sexo es bueno o es pecado?). En las primeras, el relativismo tiene un límite (básicamente, el método científico: Una teoría se mantiene hasta que los hechos de muestran lo contrario).
Pero en las segundas, se puede ser más relativista. Incluso diría que es conveniente ser más relativista. Como dijo Mark Twain, “cada vez que me veo apoyando la opinión de la mayoría, sé que ha llegado el momento de replantearme mis opiniones”.
Y no porque esas opiniones tengan que ser erróneas. Pueden ser correctas. Pero a veces la mayoría tiene una inercia que nos priva del pensamiento objetivo (ejemplo, creer que Dios determina las cosechas).
Esto no significa que todo valga. Hay cosas que están mal. Matar, etc. En realidad, cualquier cosa que entre dentro de la categoría de “hacer daño a alguien”, que decía arriba.
Lo que pasa es que normalmente la gente que cree tener la “verdad moral absoluta” causa más daños que otra cosa. Porque caen en el fanatismo. Por eso, si he de caer en uno de los dos extremos morales (total relativismo o total, digamos “absolutismo”), prefiero caer en el relativismo.
Te da más objetividad y margen de maniobra.
Un abrazo,
Fabián.
November 8th, 2007 at 4:40 pm
Los dos tenéis mucha razón, no se trata de ser relativista hasta el extremo porque entonces casi todo pierde sustancia. Todos los extremismos y fanatismos acaban en el mismo lugar y ninguno de nosotros queremos estar allí.
November 9th, 2007 at 12:51 am
Yo creo que incluso podemos ir más allá: podemos transgredir la “verdad” en varios sentidos…
Científicamente podemos decir que, en realidad, todo es absolutamente relativo, incluso podemos poner en duda de que las cosas “sean”:
La teoría de las supercuerdas, una reciente teoría que trata de unificar todas las fuerzas de la naturaleza y así crear una sola teoría que lo englobe todo (¿Lo podríamos llamar verdad absoluta?… Y es que hasta ahora no existe ninguna teoría que lo unifique todo, la fuerza de gravedad “siempre queda colgada”…) Dicha teoría dice que (simplificando) el universo está compuesto por cuerdas vibrantes, tan pequeñas que si un átomo fuera del tamaño de una estrella, éstas (las cuerdas) sería algo así como un coche. Dichas cuerdas vibran a diferentes intensidades y forman el universo, que en realidad tiene 10, 11 o 26 dimensiones. Hablamos de física quántica y astrofícisa (cosas muy cercanas a la filosofía, a mi ver), pero esto hace que incluso lo que damos por seguro sea puesto en duda.
Por otra parte podemos hablar de filosofía, y me encanta poderme remitir a Platón (uno de los hitos de mi vida) y el mito de la caverna… Es curioso que en tiempos de las guerras del Peloponeso alguien ya se preguntara si lo que estaba viviendo era cierto o si todo se limitaba a la percepción que cada uno tiene del mundo; si todo son sombras proyectadas sobre una pared… Pero, dichas sombras, ¿son el reflejo de una realidad absoluta? ¿es posible girarse y ver el objeto que proyecta la sombra, y tal vez salir de la caverna?… No creo que podamos resolver esta cuestión por el momento, pues tengo claro que estamos metidos de pleno en la caverna, probablemente en uno de los rincones más oscuros; sin embargo sí creo poder teorizar al respecto. A mi parecer, el ser humano está condicionado indiscutiblemente por su propio código ético, que al igual que unos grilletes, limitan la libertad del individuo. Con esto no quiero decir que me parece bien la tortura y que por eso odio que mi código ético me impida torturar. Lo que vengo a decir es que el código ético viene dictado por las tradiciones y cultura de cada pueblo, y eso hace que en nuestro planeta existan cientos de realidades absolutamente distintas, incluso contrapuestas, pero no por ello menos válidas.
En indonesia comen perros, eso aquí está mal, es inmoral… Los habitantes de Indonesia, (¿Los indonesios?) deben pensar que es absurdo que no comamos perros cuando éstos llenan las perreras y cuestan dinero a los ayuntamientos.
En Texas la pena de muerte es una realidad; los monjes tibetanos no podrían comprender algo así, ellos veneran la vida, incluso la de los seres más pequeños e insignificantes.
Muchas tribus del amazonas usan las drogas como elemento de iluminación, para aproximarse más a la verdad del mundo, solo los miembros más distinguidos de las tribus las toman; en Canadá tomar drogas es delito y es algo socialmente degradante.
Realidades que conviven en un mismo planeta y que “se dan de ostias”, pero todas igual de válidas.
Demos un paso hacia la luz, hacia la salida de la caverna, comprendiendo que el individuo no posee la llave de la verdad, y que la solución está en la comprensión de lo ajeno. Lo peor sin duda, enajenarse de aquello que no encaje en nuestro esquema.
Ya me he enrollado mucho, así que doy paso al siguiente.
November 9th, 2007 at 8:22 am
Jejeje… Cuando te embalas, te embalas…
Conocía la teoría de supercuerdas. De hecho, me encanta la física cuántica y sus repercusiones. Creo que, efectivamente, en este campo se difuminan la realidad y la “magia”. Un mundo en el que no hay relación de causa-efecto, en el que algo puede ser a la vez ello mismo y su contrario,… es totalmente fascinante.
Primera Ley de Clarke: Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada resulta indistinguible de la magia.
Creo que llegará un punto en el que unificaremos lo que ahora consideramos verdades científicas y las verdades más espirituales (como la conexión que existe entre los seres humanos, si me perdonáis que me ponga espiritual). Y que la física cuántica es el primer paso en este sentido. Lo que nos llevará a dejar de ver las sombras bidimensionales de la caverna y empezar a ver objetos tridimensionales… o en 26 dimensiones.
Sobre las diferencias morales entre indonesios (efectivamente, se llaman así) y canadienses, hay verdades y verdades.
Yo qué sé, a mí puede gustarme el color verde y tú preferir el amarillo. Eso no significa que uno u otro sean “mejores colores”. Es totalmente secundario.
Pero hay cosas que veo un tanto más universales, quitando toda la paja de las convenciones sociales que nos han metido (sé que es muuuuucha paja).
Volviendo a lo de antes, creo que es el tema de “no hacer daño a nadie”. Me parece que todos tenemos en nuestro interior eso claro. Cuando hacemos daño a alguien normalmente es para protegernos, o porque estamos mentalmente enfermos.
En Texas consideran que la pena de muerte es un mal menor para evitar que alguien (el condenado) haga daño a alguien. En el Tíbet consideran que matar, directamente, es hacer daño.
En el Amazonas, consideran que tomar drogas no hace daño a nadie. En Canadá, creen que hay que prohibirlas porque hacen daño.
En realidad, todas estas realidades se mueven por el mismo impulso: Evitar el daño a los seres humanos.
Lo que pasa es que las distintas realidades interpretan este impulso básico de formas diferentes.
Y me callo yo también, que voy a saturar el servidor.
Un abrazo.
Fabián.